Bajo la carátula de “desaparición forzada en Democracia”, el caso del misionero Mario Golemba llega a manos federales – Negocios & Política

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Tras años de impunidad |Bajo la carátula de “desaparición forzada en Democracia”, el caso del misionero Mario Golemba llega a manos federales

El joven desapareció sin dejar rastros, hace 13 años en la localidad de Oberá, provincia de Misiones. Tras años de desvelo y falta de esclarecimiento en la justicia local, familiares recibieron la notificación de que el caso pasará a fuero federal, quienes impondrán penas de 10 a 25 años de prisión a quienes, sean funcionarios o no, lo hayan privado su libertad o hayan obstaculizado la investigación original.
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A través de una cédula de notificación,  el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de Posadas informó al estudio jurídico que representa a los familiares del joven Mario Golemba (desaparecido en Misiones desde el 27 de marzo de 2008), que la Justicia Federal se declara competente para investigar el caso, y que dicha investigación se llevará a cabo bajo la figura de “desaparición forzada de persona”.

Se trata de un delito imprescriptible, contemplado en la Ley 26.6793, cuyo artículo 142 enuncia que :  “Se impondrá prisión de DIEZ (10) a VEINTICINCO (25) años e inhabilitación absoluta y perpetua para el ejercicio de cualquier función pública y para tareas de seguridad privada, al funcionario público o a la persona o miembro de un grupo de personas que, actuando con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, de cualquier forma, privare de la libertad a una o más personas, cuando este accionar fuera seguido de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona”.

La cédula emitida por el Poder Judicial de la Nación, informa que se delega la instrucción de la causa al Ministerio Público Fiscal, constituyendo como querellantes a Irma Komka (mamá de Mario) y a Eliezer Golemba (hermano de Mario). Ambos serán representados por el abogado Rafael Pereyra Pigerl, cuyo estudio jurídico está radicado en la ciudad de Oberá.

“Es sumamente importante que la Justicia Federal asuma la investigación del caso y con una carátula que considera la desaparición forzada como un delito de lesa humanidad, por tanto es imprescriptible. Esto le da un marco totalmente diferente a lo que venía ocurriendo con la causa judicial de Mario, que en 13 años no tuvo avances”.

Otro aspecto importante en la resolución del Justicia Federal, es que se dio intervención directa en el caso a la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN), un área del Ministerio Público Fiscal destinada a “otorgar  impulso a las acciones penales y la orientación de las investigaciones y juzgamiento de prácticas ilícitas, perpetradas por agentes estatales, que resultan lesivas para la libertad, la integridad, la dignidad y la vida de las personas en estado de vulnerabilidad”.

También ya actúa en el caso, la Dirección General de Acompañamiento, Orientación y Protección a las Víctimas (DOVIC), entre cuyas funciones figuran: “asegurar un abordaje interdisciplinario y especializado frente a las víctimas de ciertos fenómenos delictivos complejos, que por diferentes factores quedan situadas en condiciones de máxima vulnerabilidad y desamparo, y cuyo acompañamiento a lo largo del proceso penal resulta imprescindible”.

Eliezer Golemba indicó que “la intervención de estos dos organismos aporta un marco de protección a nosotros los familiares y a todas aquellas personas que están en condiciones de aportar datos que sumen al esclarecimiento del caso”.

El caso:

A las 15.05 del 27 de marzo del 2008, Mario Fabián Golemba (27) le envió un último mensaje a su novia Angélica diciéndole que a la tardecita estaría nuevamente en su casa, en Picada Indumar, localidad de Dos de Mayo. Nunca más supieron nada de él.

Aquella misma mañana viajó a Oberá para consultar con una nutricionista porque quería aumentar de peso. A mediados de año, tenía pensado casarse y todos sus planes quedaron truncos. Golemba nunca regresó y su familia sigue reclamando respuestas.

Tras su desaparición, se sucedieron las más diversas hipótesis y desde el gobierno provincial se anunció una recompensa de 100.000 pesos para quien aporte datos que permitan dar con su paradero. Pero la situación cambió de manera rotunda a partir del testimonio de dos detenidos que declararon que ese 27 de marzo vieron que efectivos de la Comisaría de Dos de Mayo tenían esposado a Golemba. Escucharon que lo golpeaban y que él decía que no había hecho nada. Luego lo subieron a un móvil y no lo volvieron a ver.

La jueza Alba Kunzmann de Gauchat nunca quiso profundizar esta hipótesis. Nunca ordenó el careo necesario entre estos testigos y el comisario y los efectivos que esa noche estuvieron a cargo de la comisaría de Dos de Mayo. El Estado, en tanto, además de restarle apoyo a la familia Golemba, procedió al traslado proteccionista de toda la cúpula policial actuante esa noche. El destino del comisario Katz resultó el más simbólico: pasó a ser comisario de Aristóbulo del Valle, pueblo del entonces gobernador de la provincia y actual senador nacional, Maurice Closs.

Ambos testimonios están incorporados en el expediente que se tramita en el Juzgado de Instrucción Uno de Oberá, a cargo de Alba Kunzmann de Gauchat, quien insiste con que se trató de una desaparición de persona y nunca dio lugar al careo entre los testigos y los uniformados que entonces se desempeñaban en la Comisaría de Dos de Mayo, tal como pretende la defensa de la familia. A partir de dichos testimonios fueron removidos el jefe y el personal de dicha dependencia. Por ello, la familia siempre sospechó del accionar policial.

Los padres de Mario se entrevistaron varias veces con los testigos que dijeron haberlo visto. “Me quedó grabado que uno de ellos nos contó que Mario les decía a los policías: ‘Por qué me hacen esto, si yo no le hice mal a nadie’, que es una frase que él decía siempre. Por ejemplo, yo le decía que guarde la bici, y me contestaba: ‘Para qué, mami, si yo no le hice mal a nadie no me van a hacer nada a mí’. Por eso cuando escuché esa frase me vino la imagen de Mario”, relató doña Irma Komka, la mamá, en una entrevista.

Durante los primeros meses, algunos medios de comunicación difundieron falsas hipótesis generadas por la policía. Que Mario había ido a Brasil, que tal vez al sur y otras maniobras de distracción informativa. Mientras tanto, sus familiares -especialmente su padre, Antonio Golemba, y su madre, Irma Komka- recorrían morgues, pasos fronterizos, comisarías y hospitales tras alguna pista verdadera que les devolviera la esperanza de poder encontrar a Mario.

En 2010, el Tribunal Superior de Justicia (TSJ), compuesto entonces en su totalidad por magistrados que son parientes directos, probados amigos o ex funcionarios del gobierno provincial, rechazó el pedido de juicio político a la jueza de Instrucción 1 de Oberá, Alba Kunzmann de Gauchat, impulsado por el abogado posadeño Jacobo Mass, y dispuso el archivo de las actuaciones. El pedido de juicio político a la jueza derivó de sus desempeños en casos emblemáticos de impunidad en Misiones. Uno de ellos es el femicidio de Marylin Bárbaro en Oberá y el otro – también femicidio-, la violación y asesinato de Silvia González en Campo Viera. Ambos casos se mantienen también en la absoluta impunidad.

En abril del 2016, la familia sufrió otro duro revés con el fallecimiento de don Antonio Golemba, el papá de Mario, quien perdió la salud en busca de respuestas. Además del dolor por la desaparición, la familia padeció el accionar de inescrupulosos que pretendieron lucrar con su sufrimiento, como un comisario de la Policía que se hizo pasar por investigador privado y les solicitó una importante suma de dinero que no llegaron a pagar.

¿Quién era Mario?

Mario Fabián Golemba nació en el Hospital de Dos de Mayo, el martes 10 de febrero de 1981, un día por demás caluroso en Misiones. Al terminar la primaria en la escuelita de Indumar, siguió sus estudios secundarios en el Bachillerato 7 de Dos de Mayo. Allí, dos años seguidos recibió la distinción de “mejor compañero”.

En la adolescencia, fue presidente del Centro de Jóvenes de la Iglesia de Dios, de la cual su padre era y es pastor. “Teníamos un programa de radio juntos, los sábados leíamos la biblia y cantábamos. Mario siempre fue muy compañero mío, de chico me ayudaba en la chacra, me acompañaba a llevar la yerba en la camioneta hasta la cooperativa. Recuerdo aquellos viajes. Durante mucho tiempo, cuando él se ausentó, no pude subirme por meses a esa camioneta”, recordaba Antonio.

Además de los trabajos en la chacra, Mario empezó de muy joven a trabajar en un aserradero de la zona, y posteriormente en la Cooperativa de Yerba Mate de Picada Indumar. Con sus manos, construyó los arcos de una cancha de fútbol en la chacra, donde todos los fines de semana venían los gurices del barrio a correr tras la redonda. La cancha todavía sigue en pie, pero nunca más hubo partidos desde que Mario desapareció. Era defensor y, como era alto, buen cabeceador, aunque un poco patadura, según recuerdan. “Algo que le encantaba era la pesca. Le gustaba pescar y cocinar” dice su madre.

Don Antonio Golemba lamentaba “no poder haberle enviado a la facultad. Cuando terminó la secundaria, me dijo: ‘Papá, dame una bolsa de porotos por mes y un poco de grasa, poco dinero para alquilar una pieza y listo, quiero estudiar Historia’. Él era apasionado de la historia. Una vez, ya después que él desapareció, una compañera suya de la secundaria me contó una anécdota. Resulta ser que un profesor había preguntado dónde se había hecho el primer trasplante de corazón. Todos quedaron callados, hasta que una mano se levantó en el fondo; era Mario Golemba. Dijo: ‘El primer trasplante de corazón en la historia se hizo en 1967, en Sudáfrica, el cirujano fue Christian Barnard’.

Todos quedaron sorprendidos, pero a mí no me sorprende porque Mario tenía una gran curiosidad y todo lo que leía se fijaba en su mente con exactitud. Pero cuando terminó la secundaria, estábamos en 1998, la época menemista, esa maldición; recuerdo que juntábamos toda la cosecha de tuna y nos alcanzaba apenas para pagar unas boletas, porque, con el uno a uno, los productos de los colonos no valían nada, no podía mandar a mi hijo a estudiar y esa es una espina que siempre me va a quedar”.

Al momento de su desaparición, Mario llevaba diez meses de noviazgo y un firme compromiso de casamiento con su novia Angélica, quien nos cuenta: “Teníamos hasta los souvenirs y habíamos conseguido una casa donde vivir. Mario decía que quería tener dos hijos”.

Contaba su padre: “Mario tenía una moto 125, que se había comprado con mucho esfuerzo. Él siempre sufría al verme pasar Round Up para desmalezar los yerbales. Me decía que era malo para mi salud y que además terminaría arruinando el suelo. Unos meses antes de su desaparición, sin decirme nada, Mario vendió su moto y, con el dinero, se fue al pueblo a comprar una motoguadaña. Cuando volvió, me dijo: ‘Papi, listo, ahora nunca más vas a tener que usar veneno, yo te voy a desmalezar el yerbal con esta motoguadaña’”.

En 2018, al cumplirse 10 años de la desaparición de Mario Golemba, un grupo de familiares acompañados por algunas organizaciones sociales se manifestó en las escalinatas del Palacio de Justicia de Misiones y solicitó al máximo Tribunal que “intervenga de manera urgente” en el caso, dado que el mismo se encuentra “cajoneado” desde hace una década en un Juzgado de Oberá.

Los tíos de Mario, Anatolio Golemba, Margarita Wolim, y sus primos Daniela y Fabián, junto a la abogada que lleva el caso, Mónica Sosa, y la delegada de Misiones del Ministerio de Derechos Humanos de la Nación, Norma Elías Coutto, entregaron un documento al Poder Judicial solicitando su inmediata intervención en favor del esclarecimiento, juicio y castigo a los culpables de la desaparición de Mario Golemba. Lamentablemente, no sirvió de nada.|

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