Un desgastado Alberto y su gabinete invisible se preparan para la tormenta perfecta – Negocios & Política

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Dólar y pandemia al rojo vivo |Un desgastado Alberto y su gabinete invisible se preparan para la tormenta perfecta

Nuestro antropólogo de la política intenta responder una serie de interrogantes cardinales que desvelan a los habitantes de la polis.¿Dónde están los ministros?¿Por qué en el peor momento de la crisis, el Presidente parece estar en otra sintonía?
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¿Se acuerdan cuando hace un par de meses el “Zabeca” de Banfield dijo que al Presidente lo veía “medio grogui” y desde el Frente de Todos le tiraron con misiles tierra-tierra? Claro, algunas semanas después de aquella declaración desafortunada, el ex bañero y consorte de la Chiche Manzanera se despachó con un pronóstico de Golpe Militar que desconcertó a medio planeta, terminó admitiendo que le había pifiado a la pildorita y todo quedó como que está gagá y ya no sabe ni lo que dice.

Eduardo Duhalde no tiene ni un pelo de zonzo (y mire que si hay algo que le sobra a los folículos pilosos es campo para crecer). Entonces ¿qué vio el ex presidente que otros no vieron en ese momento?¿Por qué se animó a efectuar un diagnóstico tan border sobre la condición anímica y sicológica de la persona más importante de la política argentina?¿A quién le estaba enviando ese mensaje?

Otros tiempos (hace diez meses): Alberto con un gabinete a pleno.

El país atraviesa una turbulencia fuerte. Esta semana la pandemia mostró su cara más letal, tras superar el millón de contagios y el dólar "ilegal" se desbocó arañando los 200 pesos; hay una evidente falta de claridad en los objetivos de un plan que brilla por su ausencia; y las internas del equipo económico sacuden a un gobierno que parece no reaccionar. En ese contexto, la pregunta que subyace es obvia: ¿dónde están los ministros para poner el pecho a las balas que siguen impactando de lleno en el Presidente?

Este viejo zorro anduvo arrastrando su osamenta por algunos despachos ministeriales para recabar la opinión de los que saben (o deberían saber) las razones de este desconcierto. "Es necesario pegar un golpe de timón urgente para no chocar contra el iceberg de una devaluación que lleve el oficial a los 130 mangos y se traduzca inmediatamente en un espiral inflacionario", dice un economista que colabora con el Frente de Todos y tiene acceso al despacho del único miembro del Gabinete que se levantó las botamangas y agarró el balde para sacar el agua del bote (Martín Guzmán, o les cabe alguna duda que el resto parecen, como diría el Nano Serrat, "de cartón piedra")

Pickwick aguarda en la antesala del poder para hablar con sus fuentes.

Cambios que se demoran

Desde hace varias semanas se viene rumoreando en los pasillos de la Rosada un "inminente" recambio de gabinete que, por ahora, no se concretó. La única modificación de relativa importancia fue la eyección del poco efectivo (sería un eufemismo para no decirle inútil) de Sergio Lanziani de la Secretaría de Energía y su reemplazo por el neuquino Darío Martínez. "Ese cargo era para Aníbal", dice un barra brava de Quilmes apenas descendido del 22, en la terminal frente al complejo cervecero que alguna vez perteneció a los Bemberg.

El Presidente coqueteó con su tocayo de apellido en varias oportunidades. Y el nombre de la ex Morsa (¿vieron que no era él?) retumbaba cada vez que algún ministro se mandaba una macana de esas que otorgan pasaporte de salida. De hecho, tal como les conté la semana pasada, los Fernández almorzaron a solas, en la Rosada y hablaron del tema. "¿Por qué no agarrás la Superintendencia de Riesgos de Trabajo?", le sugirió Alberto sin que se le mueva el bigote. Del otro lado de la mesa, Aníbal lo miró con cara de "si querés que ponga la trucha por este gobierno, mínimo necesito un ministerio".

Es inconcebible que habiendo tanta estructura del Estado en manos de gente que no arranca, un tipo como Aníbal esté afuera. Sin ir más lejos, alguno se preguntó ¿cuántas viviendas construyó la gestión de María Eugenia Bielsa?. La respuesta es indivisible: cero. Y solo para poner un ejemplo de ministerios que tienen figuras más decorativas que ejecutivas.

Ni hablar del doble de Marcelo Tinelli, con cartera bifurcada, que se la pasa contradiciendo lo que dice la Jefatura de Gabinete, no por rebelde, ni inorgánico, sino por... digamos distraído, para ser amables. Y tampoco termina de transpirar la camiseta como hacen los jugadores de su San Lorenzo.

"Alberto no lo quiere a Aníbal en el gabinete porque le dice Mamerto a Macri y él prefiere que sus ministros no tengan discursos tan beligerantes", explica una de esas fuentes que visité en una tarde lluviosa de esta semana, tratando de explicar algo que todavía no se termina de entender: ¿por qué el presidente no refuerza un team al que los diez meses de gestión, la mayor parte de los cuales fueron de pandemia, los desgastó a niveles inmovilizadores?

Y en ese contexto de confusión, emerge la gran interna por la manija económica. Un radical, amigo del presidente, Miguel Ángel Pesce; y del otro lado, el joven platense de corazón tripero, uno de los mimados por la vicepresidenta de la que hace rato no hablamos, pero como el Sol, siempre está. Que el parking, que el carry-trade, que la mar en coche, estos muchachos (a mis 93, todos son pibes) no terminan de dar pie con bola. Y encima se pelean como los chicos.

Para variar, anoche, en el programa del Gato kirchnerista, la ex Morsa no dejó dudas de dónde está parado: "Yo no represento al gobierno, por eso puedo hablar solamente desde mi criterio: se están tomando medidas ahora para enmendar otras que se tomaron el mes pasado y que no eran acertadas". Piadoso el hombre. Después del destrato al que lo sometieron, yo a mis años los hubiera mandado a lavar los platos.

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    Ant Sig