Un Congreso neorevisionista para salvar la República – Negocios & Política
 

Un Congreso neorevisionista para salvar la República

Las crisis económicas suelen devorarse a los principales actores políticos, así ocurrió en 2001. Es como una marejada que puede terminar en un tsunami. La ola más chica afecta a los que menos tienen, detrás llega una más grande y luego otra que pone en peligro los pilares que sostienen las instituciones. Sólo un nuevo Congreso puede salvar al país de un Ejecutivo, poco eficiente, a la luz del electorado.
Fernando Oz
Opinión
Fernando Oz
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Quienes vuelan hace tiempo sobre el mapa donde se juega el poder, acomodan sus piezas sin necesidad de conocer los detalles de los resultados de las elecciones del domingo. Lo hacen desde hace semanas y de manera sigilosa, casi desde el mismo día que todos se anoticiaron que sólo con la provincia de Buenos Aires no alcanza para sostener el predominio del Gobierno en el Congreso. Todos habrían recibido la encuesta a sus celulares a la misma hora, aunque con una diferencia de minutos.

Alberto Fernández se resiste a la idea de tener que gobernar por decreto, pero sabe que tendrá que hacerlo. Así lo dijo uno de sus colaboradores durante un almuerzo en el que abundaban las caras largas y seños fruncidos.

Hay quienes creen que el kirchnerismo lo empujará a resolver los asuntos a “firmazos” limpios. “Lo vamos a hacer con la Constitución en la mano y en medio de un marco de necesidad y urgencia. El mundo pasó por una pandemia desastrosa y nosotros veníamos con las defensas bajas”, agrega un legislador nacional que jura que se inmolaría por la senadora Cristina Fernández de Kirchner.

“En el fondo es una interna peronista. El sindicalismo y el peronismo apoyan a Alberto, por otra parte, esta el kirchnerismo”, dice un legislador con sobrados años en distintas esferas del poder. El Partido Justicialista, que dirige el mandatario, pareciera estar tan extraviado como el propio Gobierno.  

También están los que conversan con Sergio Massa para conformar una nueva mayoría. Máximo Kirchner lo sabe y observa de cerca sus movimientos. Hay gobernadores que ven en el presidente de la Cámara de Diputados a un hombre que puede llegar a un acuerdo que garantice “cierta gobernabilidad”. ¿Qué tiene para ofrecer? ¿Tendrá la suficiente cintura? ¿Podrá demostrar poder?

Massa deberá conseguir obras, programas, zonas francas y otros planteos que Fernández no cumplió con las provincias que decidieron jugar por fuera de la grieta, que lejos de irse, se acentuó. La llave para la conformación de una tercera mayoría, posiblemente se encuentre en manos de aquellos gobernadores con poder territorial propio y alejados del deteriorado centralismo porteño.

Tal vez, una clave que puede iluminar lo que se viene la ofreció el misionero Carlos Rovira hace unos días atrás cuando, en una conferencia de prensa, extendió invitaciones a las diferentes provincias para conformar una nueva mayoría en el Congreso con una mirada superadora a la grieta y federal. La propuesta no salió de boca de un Gobernador, sino de un líder territorial que preside el Poder Legislativo de su provincia y que se encuentra tan distanciado del kirchnerismo como del macrismo. El ex gobernador demuestra que es posible ejercer el poder desde un parlamento en el que se construye consensos. Su fuerza política gobierna Misiones desde 2003 con la alternancia de cuatro gobernadores diferentes.

Salta, Neuquén, Río Negro, San Juan, Chubut y hasta Córdoba, ya se encuentran intercambiando ideas para la conformación de un interbloque que pueda terciar en ambas Cámaras. Massa necesita obtener un racional status quopara que Fernández pueda completar su mandato.

Pareciera no ser casual que el salteño Gustavo Sáenz y el chubutense Mariano Arcioni sean parte de la estrategia que adelantó Rovira. Los dos gobernadores son cercanos al tigrense que observa una nueva oportunidad para reinaugurar su “ancha avenida del medio”. Un bloque de diez diputados sería suficiente para armar la tercera mayoría, los más optimistas creen que podrían llegar a los quince si los planetas se alinean. Votos fundamentales para torcer la balanza hacia cualquier lado.

El gobernador de Córdoba se encuentra en la misma sintonía. “Por lo que me dicen hay muchos legisladores nacionales que quieren sumarse al interbloque; hay muchos dirigentes del interior que piensan lo mismo que nosotros y no tengo dudas de que tendremos más legisladores porque la solución debe venir desde el interior y con más federalismo”, avanzó Juan Schiaretti. El “Gringo” sabe que “nadie tendrá la mayoría” y que habrá “un empate de debilidades”, lo que ofrece “una oportunidad para que la voz de las provincias sea escuchada, con una negociación tanto en el Congreso como en la mesa de gobernadores”.

Actualmente en la Cámara de Diputados, de 18 bloques, hay cuatro cuyos nombres llevan la palabra “federal”, otros cuatro tienen raigambre provincial. Parece un dato menor, pero no lo es para un país que necesita reconstruir su federalismo. La idea de un bloque neorevisionista pareciera ser, para algunas provincias, una opción superadora a la grieta y para dar vuelta la página.

La economía, un problema de la República

El Gobierno deberá enfrentar una oposición entonada por el resultado de las elecciones. Ellos piensan en 2023. Horacio Rodríguez Larreta quiere saltar de la jefatura de la Cuidad Autónoma a la Casa Rosada. En la carrera ya hay varios anotados, desde el jujeño Gerardo Morales hasta Patricia Bullrich, y dicen que a Mauricio Macri no le faltan ganas.

Pero el mayor problema del Gobierno es el económico. Este año el país pondrá fin a un ciclo de tres años de recesión y cuyo colofón fue el desplome del 9,9 % registrado en 2020, en medio de la pandemia de Covid-19. En agosto la actividad sumó seis meses consecutivos de crecimiento interanual y un alza del 10,8 % en los primeros ocho meses del año. La mejora resultó ser dispar entre los sectores productivos y cerraría el año en el 8,3 %, sin lograr recuperar todo el terreno perdido el año pasado y dejando para 2022 un escenario de crecimiento mucho más modesto, de entre el 2,3 % y el 4 %.

Desde hace una década los índices de inflación anual son de más de dos dígitos. En 2021 la inflación se aceleró y cerrará con un alza acumulada cercana al 50,3 %. El fenómeno no da tregua, mina el poder de compra de los salarios y afecta los planes de producción e inversión. Mientras tanto el Gobierno busca sin éxito contener los precios.

Martín Guzmán tampoco logra corregir los serios desequilibrios monetarios y fiscales. No hay acceso a financiación en los mercados internacionales, las tasas de interés son exorbitantes, y el ingreso de dólares por exportaciones e inversiones es insuficiente. El acceso a la moneda estadounidense para importaciones y en el mercado formal de cambios está restringido, lo que termina poniendo límites a la producción. Las alzas cotidianas de los canales alternativos no dejan de alimentar una corrida que puede llegar a ser superior a la de estos últimos días.

La intervención del Banco Central en la plaza cambiaria exprime las reservas y la emisión de pesos aumenta para sostener el creciente gasto público. Así se retroalimentan las presiones inflacionarias y cambiarias.

Los indicadores sociales dejan al desnudo los efectos más calamitosos de la recesión y la crisis agudizada por la pandemia. Según los últimos datos oficiales, la tasa de pobreza se situó el primer semestre en el 40,6 % y la de indigencia se situó en el 10,7 %, pero escaló al 16,6 % entre los menores de 14 años.

Al igual que en 2001, la afluencia a comedores comunitarios creció a unas 10 millones de personas y se multiplican en las calles las protestas de organizaciones sociales en demanda de ayudas para alimentarse y un trabajo “genuino”.

La tasa de desempleo bajó en el segundo trimestre del año al 9,6 %, su nivel más bajo desde finales de 2019, pero los problemas laborales persisten, con insuficiente creación de empleo privado formal. Los datos oficiales indican que casi un tercio de los ocupados trabaja por cuenta propia y, entre los asalariados, tres de cada diez lo hacen en la informalidad.

La astronómica deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es una espada de Damocles sobre la economía. El Gobierno de Fernández negocia una refinanciación con el organismo desde el año pasado, pero los plazos se agotan: de no llegar a un acuerdo pronto, desde marzo próximo el país deberá afrontar vencimientos de tal magnitud que exceden su capacidad de pago.

A partir del acuerdo de auxilio financiero que el FMI firmó en 2018 con el entonces Gobierno de Mauricio Macri, Argentina recibió desembolsos por 44.200 millones de dólares. Esa deuda, por la aplicación de intereses y variaciones en el tipo de cambio y los pagos ya realizados este año, ascendía a finales de septiembre pasado a 43.092 millones de dólares. Según lo pactado hace tres años, el país debería pagar al FMI, entre capital e intereses, 19.020 millones de dólares en 2022, 19.270 millones en 2023 y 4.856 millones en 2024, compromisos que Guzmán asegura que no está en condiciones de afrontar.

La crisis económica envuelve a todo el país y no a una fuerza política en particular. En 2001 el Congreso actuó como un muro de contención institucional frente al tsunami. Las condiciones no eran muy diferentes que la actual: un Ejecutivo débil, una dirigencia sin crédito social, un país endeudado y un centralismo político indiferente a las necesidades del pueblo de toda la Nación.

La República Romana, entre los siglos V y I antes de Cristo, se fue expandiendo a través de la fuerza por la cuenca del Mediterráneo. Las cosas venían bien hasta que las conquistas cruzaron las fronteras de Italia. A los nuevos territorios anexados por el poder militar se los llamó “provincias”, y se las ponía bajo el mando de un gobernador o procónsul militar que solía ser enviado por Roma. Las provincias, para los romanos, eran esos lugares que se obtenían al vencer (vincere). Provincia proviene de latín prō (acción, iniciativa) y vinciō-īre (conquistar, vencer).

Todo hace suponer que las provincias ya no quieren estar direccionadas por gobernadores o procónsules manejados por el puerto de Buenos Aires. Buscan un neorevisionismo para refundar un nuevo federalismo.  |

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