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Alejandro Barrionuevo
Opinión
Alejandro Barrionuevo
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Encerrado en su propia Torre de Babel, Alberto Fernández sueña ahora con superpoderes que le devuelvan las riendas a su gobierno que en realidad lo que perdió hace mucho es el rumbo. El presidente que nunca debió ser, y que no hubiera llegado (sino con votos prestados a su nula proyección propia) teje una agenda alejada del reclamo de la gente: Una sociedad hastiada, cada vez más dividida que reclama medidas muy distintas que la mera apetencia de la vicepresidenta que encaramada tras bambalinas sólo ansia licuar sus causas judiciales por corrupción mientras abona el terreno para el ascenso de Máximo, el verdadero candidato tras el paso a préstamo de Alberto por la Rosada.

¿Superpoderes para quien desayuna kryptonita hace rato y todos los días?

Hay una sensación de que todo estuvo hecho mal en más de un año de gobierno. Tampoco tienen Alberto y sus ministros mucho para exhibir. La crisis económica es cada vez más dura, la inflación no afloja, la única idea nueva (que es la de siempre en Argentina) es crear más impuestos, no hubo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, las vacunas contra la pandemia que llegan a cuentagotas y, encima, las que llegaron fueron directamente para políticos “esenciales” y a los militantes con acné de La Cámpora.

¿El Congreso le va a dar superpoderes a este presidente, cada vez más desgastado, que condena el “odio” de la oposición pero que lejos de apostar a la pacificación sigue atacando a todos como mejor defensa? 

Es probable: A Fernando De la Rúa, le dieron superpoderes y así le fue; sólo precipito su propia caída. El presidente sabe que su peor defecto es también su virtud y juega con eso. Si cayera, su sucesora seria Cristina Fernández y eso si desataría la madre de todas las tormentas en un país donde las encuestas no la perdonan. 

La mayoría oficialista en el Congreso quizás logre forzar las apetencias de suma del poder presidencial. Para la clase política (Alberto es el alter ego de la mediocridad dirigencial) quizás sea lo mas conveniente. Algo así como un principio autodestructivo: “todo esta bien cuanto más mal esté…”

El primer objetivo de Alberto son las barricadas del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Y de ahí a suspender no sólo la PASO sino las elecciones, para evitar la hecatombe en las urnas, hay un solo paso. ¿O acaso no seguimos en pandemia y eso lo justifica todo…? 

Incluso otro confinamiento total si conviene. Para evitar contagios… y exorcizar malos resultados.

A la oposición que, hasta ahora, tras el desastre macrista, no logró reconstruirse como poder, no le vendría mal. Van a atacar las avanzadas, y las nuevas dosis de confinamiento. Jugando desde atrás, con reuniones que después desmentirían en publico, van a seguir funcionales apostando a que el tiempo siga esmerilando a un kirchnerismo que aun -presienten- no están en condiciones de desnudar de poder.

Tampoco, claro, nadie quiere agarrar en este momento la brasa caliente argentina y todos juegan a mirar cómodamente por televisión como la hidra oficialista se sigue despejando a si misma.

Los gobernadores, que buscaron tejer una alianza de poder con Alberto Fernández por la desconfianza a una Cristina que los ningunea y manda a su tropa a avanzarles sobre el interior, hace tiempo que sólo les comenzó a importar su propio ombligo. Varias provincias ya adelantaron sus calendarios electorales para hacerse fuertes en sus territorios y Dios dirá lo que pase luego con las parlamentarias de medio termino. 

Al fin de cuentas, Alberto tampoco les cumplió. Recorrió el interior cargado de promesas como un rey mago. Pero los presentes jamás llegaron y en muchos casos hizo todo lo opuesto a lo que les había prometido.

Y no porque simpaticen con Larreta, miran con mucho recelo la pelea en AMBA. Saben que después de ir por el gobernador porteño van a avanzar sobre el resto. “Horacio es la primera línea, si el kirchnerismo avanza sobre CABA después nos van a cazar como a pajaritos…”, les repiten a sus círculos áulicos.

Claro que en el país donde el poder se juega con las reglas de chequera o largo, nadie va a romper. Van a mantener abiertas sus provincias lo máximo que puedan y para eso la Guerra del AMBA entre Kicciloff y Larreta les sigue siendo conveniente. Aunque ya tengan sus barbas en remojo.   |

*Alejandro Barrionuevo - Periodista, analista político. 

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