Gerardo Morales, el emperador norteño que amenaza con ablandar la derecha – Negocios & Política
 

La política que viene |Gerardo Morales, el emperador norteño que amenaza con ablandar la derecha

La buena relación del gobernador de Jujuy con el presidente Alberto Fernández. Su apoyo a la negociación con el FMI que genera divisiones en Juntos por el Cambio. En la carrera a 2023, la lucha con Horacio Rodríguez Larreta para liderar a las Palomas y los chispazos con Patricia Bullrich. Un caudillo de la política tradicional que quiere dar el salto nacional.
Federico García
Análisis
Federico García
Análisis

Nacido en Jujuy o en Salta, pues las crónicas no lo han determinado aún, y heredero de inmigrantes bolivianos nacidos en Camargo y Tupiza, el gobernador Gerardo Morales levanta el mentón desde las áridas mesetas y asoma la cabeza en la pelea interna por las candidaturas presidenciales del 2023.

Dichas lides se libran en medio de las negociaciones que lleva adelante el gobierno del Frente de Todos con el Fondo Monetario Internacional por la deuda de 45.000 millones de dólares que amenaza, día a día, hora a hora, con terminar de destruir a la Argentina.

Con esa trama de fondo, los distintos personajes pujan para hacerse notar de cara al público. Quienes se muestran reacios a cualquier convocatoria del Gobierno se enfrentan, así, a aquellos que reconocen que el préstamo –el más grande que haya otorgado el FMI en su historia– fue pedido por ellos mismos.

La UCR y el bipartidismo

Los cruces en Juntos por el Cambio entre reaccionarios y dialoguistas, duros y blandos o Halcones y Palomas, como lo han retratado las versiones periodísticas, son naturales en un país que, rumbo a los 40 años de democracia ininterrumpida, vira lentamente hacia el bipartidismo. Se dobla, pero no se rompe, diría un famoso dicho de la Unión Cívica Radical, una de las principales patas de la coalición opositora más importante de la política de hoy y que Morales conduce desde diciembre pasado.

Aunque tardaron un gobierno entero en entenderlo y asumirlo, es tan vital la presencia de la UCR dentro del espacio que son precisamente los correligionarios quienes marcan el paso de aquellos que fracasaron en gobernar la Argentina, los amarillos del PRO, quienes en buena parte se resisten a asumir que la unidad implica diversidad.

Lo viejo y lo nuevo de la política, mezclados en un mismo partido, se vuelve un experimento cuasi social que no necesariamente es como mezclar agua y aceite. El ejemplo del radical Mario Negri, uno de los más acérrimos macristas, así lo demuestra.

Pero Morales es de los pocos dirigentes de Juntos por el Cambio que tiene proyección nacional y, a la vez, experiencia en la militancia tradicional. No viene de uno de los famosos think-tanks del PRO, no es un militante de diseño. Por el contrario, tras su afiliación universitaria a la Franja Morada, fue diputado provincial en los 90, secretario de Desarrollo Social del gobierno de la Alianza, senador nacional hasta 2015 y, con 61 años, va por su segundo mandato al frente de una de las provincias más pobres del territorio nacional.

Los cetreros 

Pero para llegar a ser el protagonista de este cuento, el gobernador de Jujuy tiene un rival, lo que constituye una interna de la interna: Horacio Rodríguez Larreta, que desde la centralidad porteña busca ser la referencia del ala blanda, aunque cada vez más tironeado por el macrismo duro.

Por lo pronto, el pelado parece estar atrapado entre dos mundos, ya que pelea entre mantenerse fuerte con el Gobierno y, al mismo tiempo, mostrarse como la cara blanda de la oposición. En ese marco, anunció que iniciaría una gira por el interior del país, Jujuy entre ellos, y que armaba staff con peronistas no K, como Emilio Monzó, algo duramente criticado por Morales, que lo acusó de estar “replicando el equipo de campaña de Macri”.

Además, de buen vínculo con Alberto Fernández y varios de sus ministros, el caudillo norteño, al que en los pasillos de la política llaman “el emperador”, se diferenció del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires e impuso su postura de enviar delegados opositores al encuentro por la deuda con Martín Guzmán: “Los Halcones me pegan, pero lo correcto es el diálogo”, lanzó en la oportunidad, metiendo a Larreta en esa facción.

Lo cierto es que la situación refleja la atomización de Juntos por el Cambio, que se rearma luego del fracaso estrepitoso de su gestión económica al frente del país, el cual recibió “con una deuda bajísima”, como reconoció el entonces ministro de Finanzas y panelista de TV, Nicolás Dujovne.

Justamente, la decisión de Morales de apoyar las negociaciones del Gobierno con el FMI genera incomodidad en la coalición opositora, sobre todo en aquellos que entienden que ser oposición implica, en cualquier medida y circunstancia, rechazar toda idea del contrario, aunque sea buena y beneficiosa para la Argentina. El visto bueno al consenso fiscal fue otro de los puntos de acuerdo con el oficialismo que generaron resquemores.

Es que los vínculos del áspero y dialoguista emperador con el peronismo son innegables, pues su mujer es Tulia Snopek, el apellido más icónico del justicialismo jujeño. Sin embargo, la detención de Milagro Sala, que es considerada una presa política por el kirchnerismo, lo mantiene como un férreo opositor a esa ideología.

Quien se propuso cerrar las grietas internas fue la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich, referente número uno de los Halcones que tanto fustigan al gobernador del Norte Grande. Al contrario de Morales, la presidenta del PRO empuja la interna hacia sectores más duros, al mostrarse con el economista liberal Javier Milei, a quien el jujeño considera un “límite” y que fue uno de los ejes de la reunión que mantuvieron en el comité radical, días pasados.

Como conductores de las dos principales fuerzas de JxC, ambos aspiran a competir por la candidatura presidencial de 2023, por lo cual acordaron tener una “dinámica propositiva”, aunque el inminente acuerdo del Gobierno peronista con el FMI lo dificulte: “Hay algunos de mi espacio que quieren que explote todo en marzo”, había dicho el emperador, que no esconde sus deseos de proyectar su feudo local hacia toda la extensión de las Pampas, y más allá.  |

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