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Los que se van |Un promedio de 195 personas por día decide abandonar el país

A 20 años del estallido social tras la crisis del 2001, los exiliados de la pandemia superan a los del mayor registro de emigración de la historia argentina. Irse del país, una idea instalada entre jóvenes y también una cuestión de clase.
Federico García
Actualidad
Federico García
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El esclavo incansable arma su provista, se hace de coraje y, junto a dos o tres compañeros, parte a una nueva aventura en medio de la noche. Todos ellos dejan atrás una vida de crónicas e impagables deudas con la proveeduría del patrón. Cuando despierte, tendrán un día de ventaja y podrán empezar de nuevo bajo el ala de otro dueño que -ellos lo saben- tampoco será mejor que el anterior.

Pesa en sus corazones la desazón de vivir atados al presente, sin previsiones de futuro, sobreexplotados, pero sin posibilidad de progreso. Los mensúes -tal es el vocablo guaraní que nomina a esta raza de hombres que habita en los antiguos yerbales de Misiones- viven en constante escape, en permanente migración.

Víctimas de un sistema que los esclavizaba, decidían huir a riesgo de ser perseguidos y asesinados; preferían la muerte anónima y horrenda a manos de la escopeta de un capataz a continuar bajo esa dominación injusta.

Las estadísticas

Así también, muchos argentinos se hermanan en ese sentimiento diacrónico de rechazo hacia un patrón al que no asumen como benefactor, sino como verdugo. Y entonces y allá, y ahora y acá, el fenómeno del escape es atravesado por una cuestión de clase. Mientras a unos les es posible desplazarse únicamente al interior de las fronteras, otros están en condiciones de mirar más allá de los límites geopolíticos, aunque siempre imaginarios.

Las estadísticas de la Dirección Nacional de Migraciones no mienten: en los diez meses que van desde septiembre de 2020 a junio de 2021, 57.737 argentinos abandonaron el país para radicarse en el extranjero, un promedio de 195 personas por día

El dato de cuantos mensúes modernos dejaron el territorio nacional durante los meses más críticos de la pandemia se ubica, incluso, por encima de los valores de 2000 a 2005, tras la peor crisis económica y migratoria de la que se tenga registro en la Argentina. 

En ese período, tomaron un vuelo sólo de ida poco más de 50.000 compatriotas por año, según estadísticas del Centro Global de Análisis de Datos de Migración, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Eso sin contar los que, durante el azote del Covid-19, declararon “residencia” o “trabajo” como motivo de viaje: fueron 180.909 y 142.593, respectivamente, aunque Migraciones toma las casi 60 mil declaraciones de “mudanza” para calcular cuántos emigraron. Es un 7% del total.

Si bien la incidencia es baja, se estima que es más alta, dado que muchos declaran motivos de turismo (446.218 declaraciones juradas en diez meses) o estudio (14.801), es decir, que tienen pasajes de ida y vuelta, pero que sólo lo utilizan para ingresar a destino y, luego, quedarse a vivir, algo que las autoridades migratorias no tienen cómo saber.

Hasta el arribo de la pandemia de coronavirus, la sangría de argentinos siempre había sido menor: entre 2005 y 2009, emigraron 26 mil personas por año, entre 2010 y 2014, se registraron 1.700 por año, y entre 2015 y 2019, el número anual fue de 13 mil personas que se fueron.

Los promedios actuales, que superan a los años de mayor emigración de la historia reciente, desatada tras el estallido social del 2001, se refuerzan con encuestas en las que más de la mitad responde que le gustaría vivir en otro país.

Más precisamente, un 53% de los 1.306 encuestados de todo el territorio nacional dio esa respuesta en un estudio realizado en junio de este año por la Universidad Argentina de la Empresa (Uade), índice que aumenta a 70% si se pone bajo la lupa a la franja de entre 16 y 24 años.

El deseo de emigrar, además, está estrechamente ligado a la pertenencia social y, por ende, ideológica. Entre los sectores de mayor riqueza, el sentimiento es generalizado: a un 68% del segmento más pudiente le gustaría vivir afuera.

La misma categoría desciende a 20% y al 50% -en números redondos- entre individuos que se asumen de clases sociales más bajas.

Por otro lado, la crisis económica de la Argentina es la principal razón que esgrimen quienes desean radicarse en el extranjero, puesto que un 60% respondió de esa forma. Una mejor perspectiva de desarrollo profesional es otro de los factores preponderantes, y ligado a lo anterior: un 58% de los encuestados piensa de esa forma.

Pero emigrar no es sólo una cuestión económica. Cuando los mensúes llegaban a Misiones desde el Paraguay, dejaban atrás a sus familias y afectos por una vida de nómade sufrimiento, un debate interno que el migrante de todas las épocas y clases experimentan al tomar la decisión de irse.  |

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