La crisis diplomática del Mercosur es un reflejo de su pobre clase política – Negocios & Política

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El escándalo de la tercera década |La crisis diplomática del Mercosur es un reflejo de su pobre clase política

Los presidentes de Brasil, Paraguay y Uruguay pidieron una mayor apertura para comerciar con otras naciones. El uruguayo, Luis Lacalle Pou, fue el más duro en el reclamo y dijo que el Mercado Común del Sur no puede ser “un lastre” y que no está dispuesto a que se convierta en un “corset” para su país. Su par argentino, Alberto Fernández le contestó: “Si somos un lastre, que tomen otro barco”.
Fernando Oz
Política
Fernando Oz
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El festejo por los 30 años del Mercosur terminó en un escándalo que le podría costar muy caro a la región, justo cuando los contagios por la pandemia por coronavirus aumenta y la economía de los países del bloque se encuentra por el piso. El fracaso de la diplomacia de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay es el fiel reflejo de la deslucida clase política que gobierna Sudamérica.

Poner sobre la mesa un puñado de diferencias en torno a la estrategia conjunta en materia comercial, no sólo fue de mal gusto, sino que también una pésima señal para los ciudadanos de las cuatro naciones que sienten bajo sus pies el crecimiento de los índices de pobreza al mismo ritmo que las desigualdades sociales. Ni qué decir sobre la sensación de desamparo de miles de personas frente a la segunda ola de Covid-19. De no haber sido virtual, el cumpleaños hubiese terminado en medio de un revoleo de trozos de torta antes de soplar las velitas. 

Chile y Bolivia, que participaron del aniversario por ser socios externos del bloque, representan un buen ejemplo de la decadencia de una clase política que parece no estar dispuesta a ver ni a oír.

Hace un año y cinco meses los chilenos se lanzaron a las calles para pedir un cambio de modelo, cuya primera victoria a grito de urnas fue en el referéndum a favor del cambio de una Constitución creada por el dictador Augusto Pinochet. Pero las protestas contra una casta política desprestigiada por su propia incompetencia continúa en la Plaza de la Dignidad, pese a la represión, los heridos, los muertos, los presos políticos y al coronavirus que no entiende de ideologías.

Con sus propios matices, la sociedad boliviana se encuentra dividida y enfrentada en un laberinto de características históricas que pareciera no tener salida. Conflicto de varias aristas que es engordado por aditivos externos y la incapacidad de una clase política que parece incapaz de llevar paz a un pueblo que acaba de salir de un golpe cívico-militar responsable de más de una treintena de asesinatos y diversas violaciones a los derechos humanos.

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La crisis de los treinta

El uruguayo de centroderecha Luis Lacalle Pou fue quien más fuerte sacudió los delgados pilares de que sostienen al Mercosur. Primero lo había hecho el brasileño Jair Bolsonaro y luego, de una manera más suave, el mandamás paraguayo Mario Abdo Benítez. Lo que el argentino Alberto Fernández, como presidente Pro Tempore del bloque, había pensado como un armonioso aniversario de la firma del Tratado de Asunción por el que se creó el Mercado Común del Sur, terminó siendo una muestra de la delicada situación de la quinta economía mundial.

“Tenemos que avanzar en las negociaciones con otros bloques. Nosotros no estamos conformes”, sentenció Lacalle Pou, y mencionó su “escepticismo” por el acuerdo comercial firmado en 2019 con la Unión Europea, que actualmente se encuentra congelado por las diferencias entre los mandatarios del bloque y algunas observaciones que vienen asiendo los europeos. “Lo que no puede ser ni debe ser (el Mercosur) es un lastre. No estamos dispuestos a que sea una corset en el cual nuestro país no se puede mover”, escupió el mandatario.

Antes de finalizar el cumpleaños y después de limpiarse el ojo, Fernández utilizó su altivez porteña para contestar: “Si nos hemos convertido en una carga, lo lamento. No queríamos ser una carga para nadie. Terminemos con esas ideas que ayudan tan poco a la unidad. No queremos ser lastre de nadie. Si somos un lastre, que tomen otro barco. No somos lastre de nadie, es un honor ser parte del Mercosur”.

Algunos testigos en Brasil dicen que Bolsonaro decidió abandonar su lugar antes que el mandatario argentino finalice su diatriba. El brasileño de ultraderecha ya había enturbiado la fiesta mucho antes, cuando tuvo la palabra y pidió la "modernización" del bloque mediante la actualización de las tasas de aranceles externos y autorizando a que cada integrante del bloque pueda negociar libremente sus propios tratados comerciales. Lo que significaría la demolición de una construcción que lleva tres décadas.

En esa misma línea, aunque más moderado, se plantó el colorado de derecha Abdo Benítez al incluir en su discurso el debate por los aranceles externos en común. El paraguayo pidió que "las negociaciones externas se realicen en forma conjunta y coordinada, pero que no sea una barrera para impedir el desarrollo de las economías”. Antes de dar ese paso había incorporado la cuestión ideológica al reclamar a sus pares que sean "realistas" y "pragmáticos", que no permitan que “las ideologías contaminen el proceso”, ni que “las ideas nos dividan”.

El presidente argentino, un abogado de centro que dirige un gobierno de izquierda, mantiene una posición diferente al resto de sus socios. "No creemos que una reducción del arancel externo común, parcial y lineal para todo el universo arancelario sea el mejor instrumento frente a la posibilidad de nuevos acuerdos con otros países", dijo Fernández. Consideró que lo mejor es preservar el equilibrio entre los sectores industriales y que "la inserción del Mercosur en la economía global debe darse en favor de los sectores productivos” del bloque “y no en su contra".

Fernández reconoció que “sería muy difícil tener una mirada idéntica sobre plazos y prioridades” de la agenda externa y por eso “es preciso partir desde una visión pragmática” que permita “consensuar una agenda común que trascienda las urgencias políticas y fije prioridades”.

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Las cuestiones urgentes

El debate parece claro y cada mandatario puso sus cartas sobre la mesa. A 30 años de su creación, el Mercosur parece no soportar la crisis económica desatada por la pandemia. La mayoría de sus miembros observan desigualdades en el arancel externo común y tampoco están muy conformes con mantener una política comercial conjunta ante otros Estados.

Brasil y Uruguay reclaman mayor apertura para comerciar con otras naciones, bajar el arancel externo y tomar distancia de las políticas proteccionistas. Paraguay está más cerca a esa postura que de la que tiene Argentina, donde el presidente Fernández pide potenciar la región puertas adentro, lo que significa restringir las importaciones para fortalecer la industria de la región.

Pese al escenario poco alentador, el presidente Luis Arce volvió a insistir con un pedido que viene haciendo Evo Morales desde hace años: incluir a Bolivia como miembro pleno del Mercado Común del Sur. “Una oportunidad para fortalecer el Mercosur y contribuir a la integración del continente sudamericano”, dijo el mandatario boliviano.

Por su parte, el chileno Sebastián Piñera aprovechó para invitar a Paraguay, Uruguay, Brasil y Bolivia a sumarse al proyecto que lleva adelante junto con Argentina para instalar un cable submarino que promete cruzar la cordillera y el Pacífico. También pidió unir lazos entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. Pese a sus diferencias, el presidente de derecha y Fernández tienen una buena relación.

Es verdad que las disputas arancelarias no son nuevas, pero nunca antes hubo un clima tan tenso. Al fin y al cabo, los presidentes podrían haber dejado que ese tema sea tratado exclusivamente en el encuentro de cancilleres que se realizará en abril próximo.

Durante la áspera reunión, los mandatarios pusieron algún que otro comentario menor sobre los desafíos que hay frente al coronavirus pero ninguno hizo una propuesta concreta, más allá de Abdo Benítez al “enfatizar la importancia de tener una posición firme y unida para la obtención de la vacuna para el Covid-19”.

En vez de mirar hacia otros continentes y batirse en duelos dialécticos, lo mejor hubiese sido establecer una agenda para abordar en conjunto la emergencia sanitaria en la que viven los casi 300 millones de habitantes que hay en el bloque como consecuencia de la pandemia.  |

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