Gustavo López: “Debemos recuperar el acuerdo político que nació con el Nunca Más” – Negocios & Política
 

Gustavo López: “Debemos recuperar el acuerdo político que nació con el Nunca Más”

El número dos del Enacom está convencido de que la sociedad argentina traspasó un límite con el intento de atentado contra la vicepresidenta. Sostiene que, en otro clima político, el episodio hubiera recibido el repudio unánime, “algo que no ocurrió”. Dice que atravesamos una “democracia de baja intensidad”, pero aún así confía en que la salida pasa por la política. “Debemos intentarlo”.
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Es el vicepresidente del Enacom. De larga tradición radical, Gustavo López fue uno de los fundadores de la Concertación Forja, con la que varios sectores del centenario partido se integraron en el actual Frente de Todos.

Exinterventor del COMFER durante la Alianza, es un ferviente defensor de la Ley de Medios y cree que se debería volver a discutir. Sostiene que la pauta oficial no debe servir en ningún gobierno para premiar o castigar un discurso, pero cree que se debe cambiar el actual método de asignación y propone otro mecanismo.

-A la luz de los procesos de los últimos años, incluyendo lawfare, radicalización de los medios, fake news, discursos de odio, espionaje ilegal, mesa judicial, culminando con un intento de magnicidio, da la sensación de que está un poco desnaturalizada la democracia en Argentina ¿Coincide con ese diagnóstico?

Sí. Coincido con esa lectura y me parece que lo grave es que se está rompiendo el pacto democrático, es decir, las reglas de juego de la competencia política. Nosotros tuvimos durante 53 años, desde el golpe del ‘30 hasta el ’83 -cuando recuperamos la democracia-, un solo gobierno que terminó su mandato, que fue el primer gobierno de Perón. Balbín y Perón lo intentaron en el ‘72 con “la Hora del Pueblo”, pero después la muerte de Perón frustró ese gran acuerdo político. Y se logra en el ‘83 con la recuperación de la democracia, el famoso Nunca Más. Pero me parece que ahora eso entró en crisis, y que gran parte de la dirigencia política no se da cuenta del riesgo que implica que haya entrado en crisis. Porque una cosa es la competencia electoral y otra cosa es esto. A Alfonsín le hicieron 14 paros generales, pero cuando hubo un levantamiento carapintada, Cafiero estuvo a su lado. Entonces, había competencia electoral, te hacían paros, pero siempre te enfrentaban dentro de reglas del sistema democrático. 

-¿Cómo cree que se llegó a esta situación?

Entramos hace tiempo en un jugo muy peligroso. El lawfare es un juego muy peligroso que se desarrolló en toda América Latina. Digo muy peligroso porque es una de las formas de romper las reglas de juego. El famoso "golpe blando". Ocurrió en Paraguay, ocurrió en Brasil, e intentaron hacerlo en la Argentina. Eso ya desnaturaliza. Se fue generando en la política un discurso que ya no era una competencia electoral sino un discurso de odio. Ese discurso de odio, con una situación pandémica, generó condiciones para los extremos más violentos. Y pasó lo que pasó. Un grupo marginal empezó a mostrar en distintitos lugares que era capaz de llevar a la práctica las amenazas que hacían por las redes sociales. Y de milagro no la mataron, porque hubiera sido un reguero de sangre. En otro clima, esto no hubiera tenido ninguna cabida o hubiera recibido el repudio unánime, pero eso no ocurrió. Ni el repudio fue unánime, ni fue tan claro. Y me parece que si el ejemplo no lo damos de arriba hacia abajo, estos sectores seguirán pensando que están moralmente habilitados para hacer esto. 

"En otro clima, esto no hubiera tenido ninguna cabida o hubiera recibido el repudio unánime, pero eso no ocurrió. Ni el repudio fue unánime, ni fue tan claro".

-Un lado de la grieta pide el fin de los discursos de odio. Pero no siempre lo pone en práctica ¿Coincide en que está faltando bajar varios cambios desde ambos lados?

Si, está faltando. Algunos compañeros dirán: “Nosotros no tenemos discursos de odio”. Yo digo que proporcionalmente es mucho menor. Que además no han sido tan violentos ni tan explícitos. Estuvo en todo caso más mezclado con el debate político. Era un discurso muy fuerte, a lo mejor con determinado grado de violencia verbal, siempre dentro del marco de la discusión de la política. Que uno lo reprocha. Llevar la foto de un periodista a una marcha, eso es violencia simbólica y es un error. Y hemos cometido esos errores. Pero creo que son incomparables con colgar bolsas mortuorias, horcas o guillotinas, insultar todo el día, llevar antorchas para prenderle fuego a alguien, que después termina en un intento de asesinato. No quito nuestra responsabilidad. Por eso tenemos la obligación frente a esto que casi fue una tragedia, de bajar un cambio y cambiar la metodología. Mantener la firmeza, pero cambiar el lenguaje. Cambiar el agravio por explicación, el insulto por el debate de una idea.

-Incluso, probablemente eso volvería más visible al que insiste en el discurso violento…

Claro. Ha pasado en la última semana. De hecho, hubo un cambio en la actitud más que en el discurso. No nos hagamos eco de cosas que puedan ser agraviantes para el otro. Casi matan a la vicepresidenta, hagamos una misa. Me parece que ahí hubo un cambio de parte nuestra y todavía no hay un cambio público de parte de ellos. Porque después te llaman por teléfono y te dicen: “¡Qué barbaridad!” Pero en público no lo hacen. Entonces mucha gente cree que está habilitada para hacer estas cosas, o que el atentado fue un invento, o que están bien determinados hechos de violencia verbal porque desde arriba no se le baja la línea del “Nunca más”.

-Usted escribió que considera que "la solución es política". ¿Por qué puramente política?

Porque, por ejemplo, cuando reclaman al Enacom de que hace que no hace nada con los medios, uno le explica qué se puede hacer y qué no. No se puede censurar. Se puede poner sanciones posteriores. Pero yo lo que sostengo es que eso no resuelve el tema. El tema del discurso de odio -o discriminatorio, como dice la ley-, tiene que ver con un acuerdo político más arriba. La política tiene que salir de este encierro en el que ella misma entró. Y si hay factores de poder que no quieren porque ganan con esto, entonces sepamos que la política no puede estar sometida a esos factores de poder. En nuestra historia el Perón-Balbín, el Alfonsín-Cafiero, o el Duhalde-Alfonsín, siempre significaron salidas a través de la política. 

"Esta democracia de baja intensidad llegó a un punto de crisis con la exacerbación del discurso del odio y el atentado contra Cristina. Pasamos un límite".

-El problema es que da la sensación de que no hay ninguna contraparte dispuesta a correr con el costo de ponerse en ese bajo ese escenario. No parece abierta esa posibilidad…

Coincido. Pero es tan grave la situación que estamos atravesando, que hay que seguir haciendo el esfuerzo, que vale la pena, y que hay sectores de la oposición con tradición democrática -como el radicalismo o algunos sectores del PRO, aunque no son muchos- con los que se puede dialogar. Creo que tienen conciencia de la gravedad y hay que insistir con ese dialogo. Debemos intentarlo.

-Al inicio de su gobierno, Macri usó un DNU para desactivar la parte medular de la Ley de Medios, justamente la que iba contra los monopolios. El actual gobierno llegó con un mandato de las urnas, pero no ha querido tocar esa ley. Si con un decreto se desarticuló, también con un decreto se podría restituir. ¿Por qué no está esa cuestión en el debate público?

Se ha analizado, pero no hubo acuerdo en el Frente. Nosotros tenemos claramente un gobierno de coalición, donde no todos estaban de acuerdo con todo lo que expresaba la Ley de Medios. Me parece que más por desconocimiento que por otra cosa. Porque la Ley de Medios nunca procuró cercenar a nadie. Y está basada en los tratados de derechos humanos. Lo que procuraba era abrir y no cerrar. Y me parece que algunos dirigentes de la coalición, muchos de ellos importantes, no terminaron de comprender lo que significa la regulación del Estado en los mercados. Porque es la Ley de Medios, pero también son todas las demás regulaciones. Todos los países del mundo, todas las democracias occidentales tienen regulación de cuestiones de servicios públicos o de interés público. Que es la función de la ley antimonopólica. Pero todos esos países tienen a su vez una ley especial para el tema de medios, porque lo que está en juego con la circulación de la información es la propia democracia. Lo tiene dicho el fallo de la Corte de 2013: Los monopolios pueden atentan contra la libre circulación de las ideas. Entonces, obviamente un DNU se podría haber repuesto con otro DNU. Pero ni si quiera se tomó esa posibilidad.

"Cuando TN habla del "supuesto atentado" -mientras todos vimos que le gatillaban en la cabeza-, demuestra que hay una discriminación política por el pensamiento de la víctima, a la que quieren volver victimaria". 

-Volviendo entonces al inicio de la charla: sin esta parte medular de la Ley de Medios, ¿no será ese uno de los factores que está contribuyendo a la desnaturalización de la democracia de la que empezamos hablando?

Bueno, la verdad que la dificulta. La democracia planteaba en 1853 la libertad de expresión. Después, los tratados internacionales de derechos humanos, la Convención Americana, por ejemplo, avanzan un poco más y dicen “el derecho a la comunicación”. Dar, buscar y recibir información. Ya no hay un solo sujeto; hay multiplicidad de sujetos. El que te da la información, el que la recibe, el que la busca. Hay un otro del otro lado. El problema que se plantea en las sociedades modernas es el acceso a poder informar. Porque si vos tenés medios concentrados, se vuelve declamativo ese derecho. Tengo derecho a la información, pero mi opinión no se refleja en ningún lado. Por eso la ley era tan importante para consagrar ese derecho. Porque la apertura hacia los medios comunitarios, pymes, cooperativas, los medios chicos, permitía que la diversidad convirtiera eso en pluralidad. Cuando vos eliminás eso, eliminás cláusulas antimonopólicas y se hace imposible la competencia leal. Porque te destruyen. Entonces eso baja calidad de la democracia.

-Desnaturaliza...

Exactamente. Seguís teniendo una democracia, pero de baja intensidad. Que es lo que estamos viviendo en los últimos años. Y es esa democracia de baja intensidad la que llegó a un punto de crisis con la exacerbación del discurso del odio y el atentado contra Cristina. Pasamos un límite.

-Hace un rato dijo que desde el Enacom no se puede hacer mucho. No hay censura previa, obviamente, puede haber algo posterior, pero no da la sensación de que vaya a haber una responsabilidad por las cosas que se dicen o se publican. ¿Qué herramientas tiene el Enacom y cuáles está usando?

Cuando digo no se puede hacer, no sé si usé la palabra “mucho”. Se puede hacer lo que la ley manda, que no es poco. La propia Convención Americana de DDHH dice que hay responsabilidades ulteriores. Lo primero que hay que aclarar es que los medios tienen libertad para decir lo que quieran, pero también responsabilidad. Ejemplo muy sencillo: el horario de protección al menor. ¿El Enacom qué hace? Sanciona. Pero creo que además deberíamos poner esto más en el debate. No alcanza con la sanción. En este momento estamos en procesos de sanciones por muchas de las noticias que intentaron descalificar el atentado, por considerar que fueron discursos discriminatorios hacia las ideas políticas de la vicepresidenta. Cuando TN dice "el supuesto atentado" -mientras todos vimos que le gatillaban en la cabeza-, el análisis que hicieron los evaluadores nuestros es que el atentado no fue supuesto, fue real; la Justicia lo determina. Pero siguen hablando de supuesto atentado. ¿Por qué? Porque hay una discriminación política por el pensamiento de la víctima, a la que quieren volver victimaria. 

"Un DNU se podría haber repuesto con otro DNU para reponer la Ley de Medios. Pero ni si quiera se analizó esa posibilidad".

-Como análisis, está bien ¿pero qué consecuencias tiene eso?

Multa. La consecuencia es la multa. Es cierto que al canal puede no importarle la multa. Pero me parece que, además de las multas, que son progresivas y van en aumento, debemos llevar al debate público lo sucedido. Eso sí molesta. Porque lo que pone en tela de juicio es la veracidad de la información del canal. Y me parece que eso está faltando. Ese gran debate público que alguna vez tuvimos.

-El tema es que no se divulgan estos procedimientos. Tal vez esos datos de sanciones y multas deberían ser de acceso público. Que uno pueda ingresar y ver cuáles son las empresas o los medios o los programas más sancionados, y por qué razón…

Aclaro que no sancionamos periodistas; sancionamos medios. Porque la responsabilidad es del medio. Y estoy de acuerdo con que se haga público. Pero no todos en el directorio del Enacom piensan lo mismo. Sin el debate público, la gente no se entera y pareciera que no hay consecuencias. Ellos van a responder que queremos hacer una “ley mordaza”. Lo que decimos nosotros es que el medio tiene obligaciones que cumplir. Las obligaciones están en la ley, y son el respeto a la Constitución, a los tratados internacionales de derechos humanos, a lo que la ley dice. No podés tener discurso discriminatorio, no podés atentar contra la salud de la población, no podés poner en riesgo otras cuestiones, etc. Todo eso está en la ley. Por eso, más allá de las multas, creo que es imprescindible dar publicidad a todas estas cuestiones. 

-Otra herramienta que muchas veces se reclama es el manejo de la pauta. ¿Eso entra en la misma discusión?

Está en el debate. De hecho, yo presenté un proyecto que se lo elevé al secretario de Medios para cambiar la forma de asignar la pauta. Pero antes hay algo que debe estar en claro: la pauta no debe servir en ningún gobierno para premiar o castigar un discurso. Lo tiene dicho la Corte. Aclarado esto, hoy la pauta se está distribuyendo de acuerdo a la audiencia del medio. No importa si es escrito, televisión, radio, o si es un portal. El gobierno está difundiendo sus acciones poniendo pauta de acuerdo a las audiencias. Mi opinión es que no debería ser así.

-Claro. Porque no hace otra cosa que favorecer la concentración…

Exacto. Lo que hace es consolidar el status quo. Por eso, mi propuesta fue que un porcentaje se siguiera haciendo de esta manera, y otro de manera federal y por tipo de medio, para que llegue a todas las provincias, pero buscando que sea de una manera más equitativa. Privilegiar pymes, cooperativas y medios comunitarios. Entiendo que la pauta no debe ser solo una herramienta de difusión de las acciones de gobierno, sino también debe garantizar la pluralidad y la diversidad en la transmisión del mensaje. 

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