El desempleo a fin de año superaría el 20% y duplica el que registran las cifras oficiales – Negocios & Política

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La economía caería este año un 11% |El desempleo a fin de año superaría el 20% y duplica el que registran las cifras oficiales

La mitad de los hogares redujo sus ingresos y cuatro de cada diez sufrieron despidos, suspensiones o recortes salariales. El 34% de las familias bajó el consumo alimentos y la calidad. Las razones de porqué los economistas creen que el desempleo real es del 20,6% y no del 11,7% que dice el Gobierno.
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Los datos que analiza el último informe de la consultora Ecolatina dan un panorama sombrío del año que se va y preocupante para el que viene, sobre todo en materia de crecimiento y empleo. En ese sentido, desde de la consultora señalan que "la pandemia llegó luego de dos años de caída del producto, en los que los niveles de empleo se desplomaron. De esta forma, nuestra economía, que ya se hallaba endeble, se contraerá un 11% adicional este año y, a pesar de las prohibiciones a los despidos, el desempleo crecerá en torno a 2,6 puntos, pasando de 9,8% a 12,4% de la población económicamente activa".

Pero muchos creen que esto puede ser -y es- aún más grave en materia de trabajo. Claudio Lozano, economista y director del Banco Nación, afirma que "la caída de la tasa de desocupación, del 13,1% al 11,7%, no refleja efectivamente una menor cantidad de personas desocupadas. Esta se sostiene prácticamente en los mismos niveles. La población que quedó sin trabajo durante este último tiempo rebasa los límites de la desocupación y se encuentra hoy también en lo que estadísticamente se considera población inactiva. Más aún, si consideráramos la actividad prepandémica, la tasa de desocupación en este trimestre sería del 20,6%".

Lozano sostiene también que el peor momento fue el "tercer trimestre de este año, para el cual hoy se conocen los indicadores laborales, fue el período inmediatamente posterior a la tormenta. La crisis más importante se concentró especialmente en el primer mes del segundo trimestre, abril, que como hemos podido comprobar, ha significado un derrumbe del conjunto de indicadores sociales y económicos como nunca visto en la historia reciente. Por ello, los resultados anteriores del mercado laboral marcaron un panorama dramático representado en la destrucción de 3,7 millones de ocupaciones de las cuales 2 millones eran asalariados no registrados, 1,1 millones eran cuentapropista, y una magnitud muy menor, en 138 mil eran asalariados no registrados. La tasa de desocupación llegó a registrar un pico del 13% que, en realidad, encubría un desempleo de casi el 30% si consideraba que la inactividad en la búsqueda de empleo obedecía a situaciones de fuerza mayor".

Pero lo cierto es que como señalan los economistas de Ecolatina, no todas las cuarentenas fueron iguales, y el impacto de la misma "no fue homogéneo para todos los segmentos de la población. Las restricciones perjudicaron especialmente a aquellos empleados de rubros cuyo trabajo no se puede realizar a distancia y a los trabajadores informales y cuentapropistas, cuyos ingresos dependen de la cantidad de días que trabajen en el mes. Por estos motivos, muchos analistas hipotetizaron que la cuarentena afectó de forma particularmente profunda a los hogares de menor poder adquisitivo".   

En este sentido y a partir de una reciente encuesta elaborada por INDEC, los economistas de Ecolatina analizarlo los impactos diferenciales con mayor detalle. "De acuerdo con estos datos, en aquellos hogares en los que el jefe de familia tiene un nivel educativo alto (terciario, universitario o superior), tres cuartas partes de los ocupados trabajó en la semana del relevamiento, haciéndolo mayormente desde sus casas. La situación fue significativamente más compleja para aquellos hogares cuyo jefe de hogar tiene un nivel educativo bajo (no logró concluir el secundario), ya que en estos casos menos de la mitad pudo realizar su trabajo, y sólo 1 de cada 10 pudo hacerlo desde su vivienda. Además, entre aquellos con mayor instrucción, el 76% mantuvo el mismo empleo a lo largo de la pandemia, mientras que, de los que no terminaron el secundario, menos del 50% pudo conservar su trabajo. La reducción de ingresos y del consumo de alimentos también fue significativamente mayor en los hogares con un nivel educativo más bajo", señalan el documento.  

El mismo análisis similar se hizo según la ubicación geográfica. Así, entre las viviendas relevadas en la CABA, el 60% de los jefes/jefas de hogar ocupados trabajó en la semana de la encuesta, mientras que en el conurbano un porcentaje menor pudo hacerlo. La mitad de los porteños que trabajó lo hizo a distancia, en tanto en el GBA sólo el 23% hizo home-office. Dentro de la Ciudad, dos tercios de los ocupados pudo mantener el mismo empleo, mientras que esta cifra desciende a 56% en el conurbano. Por último, el consumo alimenticio también mostró un mayor deterioro en los hogares que se ubican en los partidos del GBA.

Estas distinciones le permitieron aproximar el nivel de ingresos de cada familia: los trabajos correspondientes a la educación superior, en promedio, son mejor remunerados que aquellos vinculados con menores estudios; y, de acuerdo con nuestros datos georreferenciados, los ingresos son más altos al interior de la Ciudad en comparación con los partidos que la rodean. Por estos motivos, podemos inferir que el impacto de la crisis fue mayor en los hogares de menores recursos, ya que allí es donde hubo mayores problemas laborales, pérdidas de ingresos, exposición al virus y reducción del consumo de alimentos.

Estado presente, trabajo ausente

La ayuda estatal pareció entonces no alcanzar, y aunque más del 70% de los hogares recibió alguna prestación social (incluyendo jubilaciones, pensiones, asignaciones y nuevas prestaciones) y el 48% fue beneficiario de algún programa diseñado específicamente para paliar los efectos de la pandemia (IFE, ATP y bonos) la crisis igual se hizo sentir fuerte. "Estas prestaciones no sólo fueron difundidas, sino que estuvieron concentradas en los segmentos más afectados. Estas ayudas se cobraron en mayor proporción en el conurbano que en CABA, su percepción fue mayor a menores niveles de instrucción y se recibieron en mayor medida en hogares con niños o adultos mayores. De esta forma, contribuyeron a evitar un descomunal aumento de la pobreza (según simulaciones realizadas por el Poder Ejecutivo, la primera ronda de IFE habría evitado la caída por debajo del umbral de pobreza de entre 5% y 6% de la población)".   

En este contexto es que la campaña de vacunación que se iniciara en enero de 2021, abre una luz de esperanza no solo en lo sanitario sino en lo laboral, ya que el impacto económico que tendrá el Covid-19 el año próximo aun es una incógnita que angustia a la Argentina y el mundo.

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