Tato Bores, el actor cómico que supo interpretar y enfrentar a la política argentina – Negocios & Política

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"Vermouth con papas fritas y Good Show" |Tato Bores, el actor cómico que supo interpretar y enfrentar a la política argentina

El humorista político cumpliría 96 años. Aún después de su muerte, sus discursos continúan haciendo reír y reflexionar a millones de argentinos. La realidad de un país que continúa su círculo vicioso.
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El 27 de abril de 1927 nacía una de las figuras más importantes de la televisión argentina. Por casi medio siglo -y aún después de su muerte, con discursos que, a pesar de haber sido pronunciados hace 30 años, nunca pierden vigencia-, Mauricio Borensztein, o simplemente Tato Bores, hizo reír y reflexionar a millones de argentinos con su humor político y cotidiano.

Más allá de ser recordado por sus inigualables monólogos, Tato también fue un gran actor de cine, teatro y televisión, y uno de los conductores más emblemáticos de la pantalla chica en la Argentina. Sin embargo, fueron los monólogos anteriormente mencionados, que pronunciaba durante el ciclo televisivo que encabezó desde fines de los '50 hasta principios de los '90, los que lo catapultaron a la popularidad.

Desde ese espacio, en el que adoptaba el rol de hombre influyente que caminaba los pasillos de los despachos oficiales, Tato apuntaba contra la idiosincrasia nacional y ridiculizaba al poder político, al que solía caracterizar como demagógico, carente de ideales y de vocación de servicio.

A pesar de haber subsistido a distintos gobiernos, los programas de Tato no le escaparon a la censura. En 1974, el Gobierno de Isabel Perón decidió sacar del aire el programa; lo mismo hizo la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla. También hubo una recordada censura previa judicial en 1992 ordenada por la jueza María Servini de Cubría, que provocó la reacción de un amplio arco de la cultura.

En todos los casos, el humorista siempre se las ingenió para generar una respuesta desde el punto de vista artístico, a partir de una supuesta charla telefónica con su guionista en la que le explicaba que no podían hacer determinados chistes o de un coro de famosos dedicando una canción a la célebre jueza, según cada caso.

Nacido en Buenos Aires bajo el nombre de Mauricio Borensztein, tomó contacto con el mundo del espectáculo desde muy joven a raíz de su pasión por el jazz, lo que lo llevó a trabajar como asistente de distintas bandas.

Cuenta la leyenda que una fortuita rutina cómica realizada durante la despedida de soltero del músico Samuel Lipesker llamó la atención de Pepe Iglesias, "El Zorro", quien se encontraba entre los presentes, y lo convocó para que se sumara a su programa de radio.

Desde entonces, Bores pasó por distintos elencos, junto a figuras como Pepe Arias; además de desempeñarse en teatro y cine, en donde filmó junto a artistas como Juan Carlos Altavista e Hilda Bernard.

Entre 1957 y 1960 comenzó a ser una cara conocida en la televisión cuando acompañó a Dringue Farías en el ciclo "La Familia GESA" por Canal 7; al tiempo que comenzaba un programa propio llamado "Caras y Morisquetas", en donde comenzó a aparecer el personaje de frac y habano con sus personales monólogos.

Gracias a su creación emblema devino en un clásico de la televisión dominguera argentina que supo aggiornarse a los tiempos que corrían con la incorporación de distintos libretistas. En tal sentido, los últimos envíos de su ciclo por Canal 13 se caracterizaron por su alto nivel de producción, algo poco usual en la televisión local de entonces, impulsado por la incorporación de sus hijos al frente del equipo creativo.

Tato Bores falleció el 11 de enero de 1996 en departamento del barrio porteño de Palermo, acompañado por su familia. Pero sus monólogos quedan en la memoria de los argentinos, y su vigencia son prueba del círculo vicioso en el que está la Argentina, y del que aún no logra salir.

Tato expresaba lo que muchos pensaban y algunos no querían decir. Era sutil para evitar la censura. Acompañado por libretistas como Landrú, Jordán de la Cazuela, Santagio Varela y Juan Carlos Mesa, entre muchos otros, apeló al sentido común, a la memoria colectiva, al sobreentendido. Elegía las palabras justas: aquellas que más allá de su sentido primero disparaban otros, esos que incomodan, interpelan, subvierten.

El Tato de los argentinos…

Su vestuario era simple, austero. El brillo, las joyas, estaban en la palabra. Palabras que iban y venían como un torrente que lo arrasaba todo. Y una vez que se detenían, que el silencio se apropiaba de ese lugar donde antes sólo había estado su voz gritona, todo había cambiado. La realidad era un sitio incómodo ante el que era difícil permanecer indiferente.

“Espére a ver si entendí bien: ¿ustedes con los impuestos, las tarifas, los tarifazos, guadañan toda la ‘mosca’, la gente se queda sin guita, no compran dólares, el dólar baja? ¡Tato! –me dijo- aunque usted tiene cara de comentarista económico se ve que va entendiendo algo. Pero Ministro, escúcheme una cosa, la gente está más seca que galleta de campo, no solamente no puede comprar dólares sino que no pueden comprar morfi, no pueden comprar remedios, no pueden comprar pastillas, no puede comprar pilchas ni peines ni peinetas ¡Nada pueden comprar! Son pequeños detalles, Tato, me dijo mientras me regalaba una oblea que decía ‘no tengo estereo’ “, recitaba en uno de sus monólogos durante los comienzos del menemismo.

Un lenguaje potente que construía escenas imposibles, que traía personajes impensados, incluso intocables, para que la Argentina apareciera desnuda y todos nos pudiéramos mirar al espejo al menos una vez.

Con más de 2000 monólogos dichos detrás de un escritorio o por teléfono; recorriendo el estudio en patines o cenando fideos, ahí mismo, con presidentes y políticos; con expresión incrédula y las manos que iban y venían hasta el movimiento del “dale que va” con que cerraba los programas; como Helmut Strasse o Tato Bores, Mauricio Borensztein expresaba su mayor deseo: “Vernouth con papas fritas y good show”. Por la buena vida que el show debe continuar.|

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